
El campus de mi universidad tiene una estatua mágica, es una vieja tradición la de que los estudiantes le toquen la nariz para tener buena suerte, mi compañera de piso del primer curso creía en exceso en esa estatua e insistía en pasar antes de cada examen para tocar su nariz, estudiar podría haber sido una idea mejor, suspendió al terminar ese año, pero lo cierto es que todos tenemos pequeñas cosas supersticiosas que hacemos, si no es creer en estatuas mágicas es esquivar las lineas de las aceras, o siempre poner el pie derecho primero al levantarse, ¡toquemos madera! Lo último que queremos hacer es ofender a los dioses.
La superstición está entre lo que podemos controlar y lo que no. Encuentra una moneda, recogela, y durante todo el día, tendrás buena suerte (es lo que repite uno de los enfermos 33 veces seguidas cada vez que le hacen algo), nadie quiere dejar pasar una oportunidad de buena suerte pero como si decirlo 33 veces realmente ayudara... ¿realemente hay alguien escuchando? Y si nadie está escuchando ¿por qué nos preocupamos en hacer esas cosas tan extrañas? Nos apoyamos en las supersticiones porque somos lo suficientemente listos como para saber que no tenemos todas las respuestas y que la vida hace cosas misteriosas, no niegues el “yuyu” venga de donde venga

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